EL GOLEM
Título Original: Der Golem: Wie er in Die Welt Kam |
Paul Wegener fue un actor, guionista y director alemán nacido el 11 de diciembre de 1874 en Briesen, Prusia Oriental y fallecido el 13 de setiembre de 1948 en Berlín. Estudió Leyes hasta 1895 y luego fue formado como actor de teatro por el gran Max Reinhardt. Dueño de una presencia imponente, destacó en obras clásicas, como Edipo Rey y Macbeth. Su primera experiencia en el cine como director data de 1913 con Der student von Prag, film inspirado vagamente en un relato de Edgar Allan Poe, en el que también tenía el papel protagónico. En 1914 realiza la primera versión de El Golem (Der Golem), de hecho considerado el primer largometraje de ciencia ficción, ya que duraba 65 minutos y reincide con ese personaje en 1917 en Der Golem und die Tänzerin , aunque esta vez en tono de comedia. Al año siguiente destaca por el rodaje de Der Rattenfänger von Hamelin , aproximación a la leyenda del flautista de marras.
Pero es por su siguiente película que ha merecido trascender en la historia del cine, la tercera
versión de El Golem ( Der Golem: wie er in die welt kam) , en dónde además de codirigir y escribir el guión, se mete en la piel de la criatura, como en las versiones anteriores. La historia del Golem se basa en una leyenda medieval judía, en el siglo XVI, en Praga, el emperador ordena la persecución del pueblo hebreo, el destacado rabino Loew descifra el nombre secreto de Dios y usándolo por medio de un talismán da vida a una figura de arcilla de gran poderío físico destinado a defender a su pueblo. Lo lleva al palacio del emperador y reclama el cese del pogrom, ante la negativa del soberano, sobreviene el castigo divino, el edificio comienza a derrumbarse y la intervención del Golem, sosteniendo las columnas salva a todos del desastre. En agradecimiento el monarca anula el decreto persecutorio.
La trama tiene una historia de amor paralelamente, en la que el Golem juega un papel decisivo al salir por malas artes de un ayudante del rabino del control del mismo y la tragedia se hace presente. Es el monstruo desatado, figura que con posterioridad James Whale utilizó en Frankenstein con gran acierto, tal vez tomando
como referencia la obra de Wegener. Esta producción está entre las mejores muestras del expresionismo y es el resultado de la colaboración con Wegener de Karl Freund, quien luego dirigiría The Mummy, en la fotografía y de Edgar G. Ulmer en arte y maquillaje, que realizaría una brillante carrera como director en Hollywood. Wegener aporta su recia figura a este autómata, moviéndose con desenvoltura incluso con gracia en algunas escenas cargadas de comicidad. La destacada actriz Lyda Salmonova, esposa de Wegener y habitual participante de las películas de su esposo, es la bella que origina la disputa que desembocará en desastre.
Muchos de los directores del movimiento expresionista emigraron a EE.UU. con el advenimiento del nazismo, tales son los casos de Ulmer, Lang y Freund, en cambio Wegener decidió quedarse y trabajó con continuidad en cine y teatro hasta su fallecimiento, mientras representaba una obra.
Hubo otras películas que trataron el tema de la criatura de arcilla, a saber:
El Golem: la leyenda de Praga (Julien Duvivier, 1935, Francia), El emperador del panadero y el panadero del emperador (Martin Fric, 1951, Checoslovaquia), Las noches de Praga (Jiri Brdecka, 1968, Checoslovaquia) y Golem (Piotr Szulkin, 1979, Polonia).
La leyenda del El Golem generó la novela homónima de Gustav Meyrink y Borges, se dice inspirado por el film y el relato, escribió este poema sin par.
El Golem por Jorge Luis Borges
Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.
Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.
Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.
Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.
No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.
Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dió a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,
la Puerta , el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.
El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.
Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)
El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.
Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.
Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.
Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)
Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.
El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'
'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'
En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
Jorge Luis Borges – 1958
Vitico.